El mito del declive mental en la vejez: cuál es la forma de inteligencia más presente en las personas mayores
- MVD Agencia Creativa
- 14 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Con el paso del tiempo, la cognición se enfrenta a mayores desafíos, pero la experiencia puede ser el puntapié para desarrollar un tipo de inteligencia que los más jóvenes no tienen.
El deseo de mantenernos cognitivamente activos o ser cada vez más inteligentes no es algo que desaparezca con la jubilación, sino que se transforma y se fortalece con el paso del tiempo. El primer objetivo es abordar la creencia errónea de que el declive mental es inevitable después de cierta edad. Por eso, conviene preguntarnos si es cierto que al envejecer la única dirección que hay es hacia el deterioro.
En este contexto, la inteligencia no significa necesariamente la velocidad de procesamiento (que es algo que sí puede disminuir), sino la suma de sabiduría, capacidad de síntesis, solución de problemas de la vida real y adquisición de nuevas habilidades.
La sabiduría es la forma de inteligencia más valorada y deseada en la madurez. No se trata de qué tan rápido se resuelven nuevos problemas, sino de qué tan bien se resuelven los desafíos de la vida utilizando lo aprendido. Consiste en la aplicación experta del conocimiento que tenemos acumulado y de las experiencias de vida para lograr un bienestar óptimo, tanto personal como para quienes nos rodean. Es la síntesis entre el intelecto y la perspectiva emocional.
Habilidades clave para fortalecer la inteligencia
Existen determinadas habilidades que resultan cruciales para la inteligencia ante el paso del tiempo:
Dominio del conocimiento. Es el arsenal de estrategias y métodos que tenemos para gestionar las complejas situaciones que nos presenta la vida real. Una persona sabia sabe cómo planificar una transición de vida, mediar un conflicto familiar o buscar el mejor apoyo basándose en patrones que ha visto repetirse a lo largo de décadas.
Visión del contexto. La persona sabia tiene la capacidad de poder ver cualquier problema o decisión dentro de un contexto histórico, cultural y personal más amplio. Entiende que lo que funcionó hace diez años o funciona para otra persona podría no ser la solución actual para él. Esto lleva a la flexibilidad de pensamiento y a una reacción menos impulsiva.
Manejo de la incertidumbre. A diferencia del conocimiento puro, la sabiduría acepta y maneja la ambigüedad y la duda. El adulto sabio reconoce los límites de su propio conocimiento y también el de los demás, lo que le permite tomar decisiones sin la necesidad de tener una certeza del 100%. Esto es crucial para mantener la calma en épocas de cambios rápidos o crisis personales.
Enfoque en el bienestar. Las soluciones propuestas por un individuo sabio suelen estar orientadas a la reducción del sufrimiento, la conciliación y la consecución de una vida significativa, reflejando una profunda comprensión de la naturaleza humana.









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